domingo, 13 de marzo de 2011

Si el HIV se propagase por el aire…

Wadiz Kallas
 
La humanidad, desde sus comienzos, ha tenido que luchar contra muchos enemigos, lo ha hecho contra la naturaleza,  con animales feroces y hasta contra sigo mismo, o mejor dicho entre sí, aun así creo que los enemigos más terroríficos, aquellos que se llevaron la mayor cantidad de vidas hasta la actualidad, han sido esos que no pudimos ver hasta hace poco, tanto que ni siquiera sabíamos de su existencia hasta hace unos cien años, cuando descubrieron las enfermedades infecto-contagiosas, y mucho posterior lograron conocer un poco más en detalle los diferentes tipos, ya sean bacterias, hongos, virus o parásito, al fin pudimos verles la cara.

Reconocer al adversario es importante pero no es el fin de la guerra, solo es el comienzo; y la ciencia médica puso su grano de arena, ha avanzado exponencialmente  en sus conocimientos, cada día logra avanzar un paso más, no logrando aun la victoria definitiva; su enemigo se multiplica muta a velocidades desconcertantes; uno de los que se ha llevado la mayoría de las estatuillas es el HIV, mucho se ha hablado de este virus, tantos cambios ha producido; sin dudas esta pequeña molécula que no logra ser un ser  vivo, ha logrado producir profundos cambios en la salud, la política y la cultura, cambios antes nunca imaginados.

El HIV es el responsable de una enfermedad conocida como SIDA, pero  lo que inquieta de este virus no es tanto la enfermedad potencial que puede producir, sino la terrible problemática social que acarrea, comenzando con la discriminación, esta patología ha logrado que muchas personas comiencen a señalarse unas a las otras como amenazas potenciales, una especie de pequeñas armas biológicas andantes, que hasta atentan contra sigo mismas, algunas consideran que sus vidas han culminado y se vuelven reacios a la sociedad, otros piensan hasta en culminar con la “agonía”, los negativos crean una suerte de inquisición y la guerra se desata,  cientos de reacciones desagradables se dan en torno a esta infección, pocos afortunados pueden decir a ciencia cierta que viven con su patología en perfecta armonía, seguramente con la medicación correcta logran la armonía con su cuerpo, pero con sus mentes muy pocas, y menos aun aquellos que son negativos y que afilan sus dedos índices para señalar, esos sí que tiene la cabeza inquieta, las antorchas encendidas y los tridentes afilados.

Cuál es la verdadera cuna de esta dañina explosión social, porque patologías cien veces más mortales no cursan con odio y miseria, si no con pena y lastima?, creo saber la respuesta, creo entender cuál es el motivo y es que el HIV no se transmite por el aire, en el cerebro del ser humano actual, cuando una persona enferma por una neumonía, por aguas infectadas o porque alguien estornudó en su cara, todos sentimos pena por ella, todos creemos que es injusto que un ser humano caiga en enfermedad por hacer algo tan fisiológico como respirar o tomar agua, se convierte en una preocupación de todos, exigimos que se haga algo al respecto, una cura, una vacuna, algo porque a todos no puede tocar, todos respiramos y todos tomamos agua.

Si pudiésemos hacer un ejerció mental, profundo y sincero, no solo podrán ver y entender mi punto, tal vez hasta puedan sentirlo: traten de imaginar que un familiar, un amigo o solo un conocido contragírese la enfermedad por el aire, pensémoslo  con honestidad, seguramente sentiríamos mucho dolor y pena, seriamos grandes defensores de su causa, no creo que sea así si sabemos que fue por contacto sexual; ahora tratemos de ir un poco más allá en nuestra imaginación y veamos a esa persona que contrajo esa enfermedad pero lo hizo de una forma posible, con transmisión vertical, nos enteramos que fue su madre, en el embarco, parto o en la lactancia de la que contrajo el virus, mas dolor provocaría, mas quisiéramos poder contenerlo y abrazarlo, eso sí, ya tendríamos a alguien a quien señalar, la madre seria objetivo de nuestros prejuicios, lo sería el si él se hubiera contagiado por mantener una relación sexual.

Ahora en el siglo 21, cuando la medicina ha logrado contener esta patología y muchas otras más, cuando los avances en tecnología y comunicaciones han superado por miles nuestras expectativas, no hemos logrado internalizar lo más básico de nuestro ser, no hemos podido superar los tabúes sexuales que cargamos hace miles de años, no hemos podido entender que el sexo, indistintamente como y con quien lo practiquemos es tan fisiológico como respirar, beber o defecar.  Nuestro gran enemigo no está en el aire, el agua o la sangre, nuestro gran enemigo es la ignorancia, nuestro prejuicio, nuestra intolerancia pero sobre todas las cosas nuestra estupidez.
No es mi intención la queja, ni mucho menos, solo quiero proponer un simple ejerció mental que nos puede ayudar a todos, como sociedad,  luchar contra estos enemigos y darnos cuenta que no es otro ser humano sino nuestra propia y natural ignorancia, esa que todos los días nos permite aprender un poco.

¿Alguna vez pensaron porque nos da tanto miedo hacernos el análisis de HIV?

Wadiz Kallas

Para más información: http://www.huesped.org.ar/

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